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miércoles, 11 de febrero de 2015

Tus hijos serán violentos si no les enseñas a aceptar un «no»

El 99% de los casos de agresión de hijos a padres se debe a una educación inadecuada

Los hijos agresores son cada vez más jóvenes, hay muchos que empiezan con 11 años
El pasado jueves un joven de 25 años acabó presuntamente con la vida de su madre, de 49, en su domicilio de Madrid. Los vecinos apuntaban que las discusiones entre ambos eran muy frecuentes, pero nadie auguraba este dramático final porque «el chico era muy agradable y simpático» con todos, «menos con su madre».
Desgraciadamente, no es un hecho aislado. Fuentes de la Policia Nacional aseguran que la violencia filio-parental o ascendente «no cuenta con una estadística propia» y los casos se incluyen «dentro del ámbito de violencia familiar». Aún así, según datos de la Fiscalía General del Estado, las agresiones de hijos a padres han aumentado considerablemente en los últimos años. En 2006 se cuantificaron en España 2.000 casos y en 2012 un total de 4.936. «Solo en 2013 se iniciaron 4.659 procedimientos a jóvenes mayores de 14 años por este tipo de sucesos, siendo Andalucía, Valencia y Cataluña, las regiones que concentraron la mayor parte», resalta Javier Urra, director clínico de Recurra-Ginso y presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Violencia Filio-Parental (Sevifip).
No obstante, los expertos insisten en que existen muchos casos más, pero no se denuncian «por miedo, ignorancia, vergüenza, dejadez y, en general, porque “¿para qué?, ¿acaso soluciona “mi problema”? —apunta José Cabrera, psiquiatra y médico forense—. Y, en la mayoría de los casos —añade—, por lástima quedando siempre en el ánimo de los padres un deseo: “a lo mejor no vuelve a suceder”».

Ataque psicológico y físico severo

Hay ocasiones, incluso, en que los padres no reconocen esta violencia porque la perciben de forma diferente a sus hijos. Se considera violencia filio-parental a las agresiones psicológicas que suponen desobediencia, insultos, amenazas, chantaje, robo de dinero o de objetos familiares de gran valor económico o emocional. Realizar más de seis veces dicho comportamiento en el último año es una agresión psicológica severa. Y, la más conocida, la agresión física, supone romper objetos, daños materiales en el ámbito familiar y agresión a los progenitores. Si se repite tres veces en un año, se considera agresión física severa.
Según datos del juez de Menores de Granada, Emilio Calatayud, el 80% de la violencia de menores en general lo comenten los chicos y un 20% las chicas. En el caso de la violencia filio-parental, el 60% la cometen chicos y el 40% chicas. Ellos eligen más la violencia física y ellas la física y la verbal para hacer un mayor daño moral.
Francisco Castaño, profesor de Secundaria y director deAprendeaeducar.org junto a Pedro García Aguado —conocido por su programa «Hermano mayor»—, asegura que sólo un 1% de los casosde jóvenes que agreden a sus padres se debe a un trastorno o psicopatología. «El 99% de los casos se debe a un problema de educación inadecuada. Es decir, no son chicos malos, sino que tienen un mal comportamiento», puntualiza.
Explica que existe la creencia de que estos chicos han sido víctimas de malos tratos, son adictos a la droga, alcohol y son de clase social baja. «Algunos lo son, pero la mayoría son de clase media y alta. Son hijos de políticos, médicos, deportistas de élite...».

¿Por qué agreden a los padres?

Uno de los principales motivos es, según Castaño, la falta de normas y límites claros en el hogar. «Hay padres que protegen en exceso a sus hijos: les dan todo lo que quieren, les hacen los deberes, les dan dinero para caprichos... En el momento en que le dicen "no", comienzan los gritos y el hijo tenderá a desahogar toda su rabia con golpes o insultos porque no entiende que se le contrarie. Algo parecido ocurre con los hijos de padres muy autoritarios que guardan mucha rabia y en cuanto el pequeño crece y se ve con fuerzas, se enfrenta a los padres de forma violenta para devolverles aquello que consideran injusto».
Otro de los motivos es la fisura educativa entre padre y madrecuando uno le permite cosas y otro no. «La falta de acuerdo en la forma de educar hace que el niño se ponga de parte de uno, del que le permite hacer todo, pero siempre llega un día en que hay algo que no se le puede permitir y el rebote por parte del hijo es tan grande que llega a pegar a sus padres por no comprender dicha negativa».
Es curioso el dato de que muchos jóvenes que agreden a sus padres, no son violentos fuera de su hogar. «En Inglaterra se ha realizado un estudio que determina que el 36% de los chicos y chicas que pegan en casa también lo hacen en la calle —apunta Urra—. El resto no. En España no hay un estudio al respecto, pero sí es muy significativo que cuando sucede este tipo de violencia los profesores se quedan sorprendidos: «¡pero si es un chico estupendo en clase!».

Cada vez más jóvenes

Según el director de Aprendeaeducar.org, los padres no deben esperar a que los hijos sean adolescentes para ver si son agresivos o no. «Los problemas se gestan en Primaria, pero se manifiestan en Secundaria. Hace años, eran los chavales de 16 años los más conflictivos. Actualmente la consulta está llena de niños de 11 y 12 años que agreden a sus padres», asegura.
¿La razón de este adelanto en la edad? La sociedad actual les está ofreciendo antes de tiempo acceso a demasiadas cosas. Las nuevas tecnologías, por ejemplo, les permiten ver sin límites películas violentas, de sexo, drogas... y los padres no supervisan los contenidos.
Cuando un hijo no aceptan un “no“, monta grandes peleas, incumple las normas de forma alarmante, etc., es aconsejable que consulten con un experto en psicología o terapia educacional. «En consulta —explica Castaño— primero trabajamos con los padres: les enseñamos a poner normas, a comunicarse, a que se den cuenta de que los hijos no están en contra de ellos, sino que repiten un comportamiento aprendido; es decir, si grito y pego al final consigo lo que quiero. Posteriormente tratamos a los hijos».

Trato jurídico

Desde el punto de vista jurídico no existen herramientas suficientes para reeducar a estos jóvenes. «La ley Orgánica 1/96 de protección jurídica al menor va a ser modificada y va a incluir un párrafo que menciona la violencia ascendente, un reconocimiento que supone un gran paso», asegura Urra.
Pero, hasta el momento, cuando unos padres denuncian, el hijo si es menor puede ir a un centro de reforma y los mayores de edad a la cárcel. «Esta privación de libertad por un tiempo no resuelve el problema y seguramente el chico saldrá con mayor rencor hacia sus padres que con el que entró. Es necesario un sistema que les facilite pautas educativas para cambiar su comportamiento», concluye Urra.
El juez de menores, Emilio Calatayud, considera un error que Rodríguez Zapatero suprimiera el artículo 154 del Código Civilque aseguraba que «los padres pueden corregir razonablemente a los hijos», artículo que el PP tampoco ha recuperado.
«El problema —asegura— es que los padres han perdido toda autoridad y no saben decir «no», lo que convierte a sus hijos en unos tiranos. Se olvidan de que el artículo 155 apunta que «los hijos deben obedecer a sus padres mientras estén bajo su potestad y respetarles siempre. En la mayoría de los casos de violencia «la culpa es de los padres por no saber mantener su autoridad y negarse a ser esclavos de sus hijos. Si han incrementado el número de agresiones es porque algo falla: su educación».
El juez añade que es importante que los padres aprendan a reconducir cuanto antes la conducta de sus hijos. «Es más fácil conseguirlo cuando tienen ocho años que cuando han cumplido quince».

Radiografía de los hijos agresores

jueves, 22 de enero de 2015

Los premios y los castigos como forma para educar a nuestros hijos

En nuestro día a día como padres es fundamental establecer unas normas y unos límites a los niños

Debemos conseguir que los niños sean conscientes de sus malas actuaciones, pero también de las buenas.
Hay que inculcarles desde pequeños que la disciplina no es algo negativo, sino que es la forma de que adquieran un sistema de valores y comportamiento. De esta manera crecerán seguros y serán capaces de hacer frente a las “adversidades” que puedan encontrar en su crecimiento.
Toda conducta en un niño busca una reacción en los padres (llamar la atención, aprobación, expresar un estado físico…). Por eso, toda conducta dependerá del tratamiento posterior que se le dé y las consecuencias pueden ser positivas o negativas.
Las consecuencias positivas producen a largo plazo un aumento de dicha conducta; mayor probabilidad de que el niño la repita. Las consecuencias negativas tienden a disminuir o desaparecer a largo plazo dicha conducta.

Premios y castigos


Muchos educadores y padres piensan que dar premios a un niño por hacer lo que es su deber y que es una forma de malcriarlo. Todo lo contrario, hay que enseñar y motivar al niño en sus buenas conductas: su esfuerzo debe ser reconocido. No obstante, hay que tener claro que el premio debe ser real y equitativo, en función de la acción del pequeño. Siempre habrá que acompañar este premio material con un beso o una frase positiva para que el niño, desde pequeño, coja confianza en sí mismo.
De la misma manera, cuando el pequeño se porte mal, deberemosreprenderle y acudiremos a los castigos cuando hablemos deconductas negativas y poco frecuentes como el pegar, las agresiones verbales…
SANDRA NEUMANN

martes, 20 de enero de 2015

Las 10 claves para usar bien el castigo



 POR 



Cada vez son más, los padres que me dicen que el castigo no les sirve, que por más quecastigan constantemente a su hijo, no les obedece. De hecho, cuantos más castigos tiene, peor se porta. Hay niños que incluso tienen castigos acumulados y saben que cuando se acabe uno, aún le queda otro por cumplir.
psicología en El castigo
Las 10 claves para usar bien el castigo
Pero yo os voy a decir un secreto: el castigo genera ira, rabia y agresividad en los niños. Cuando tu sientes esto, es difícil que sientas deseos de portarte bien. Por todos es sabido, que la autoridad a la fuerza nunca ha funcionado. La propia historia del hombre nos lo ha dicho, ni dictaduras ni genocidios han conseguido someter al ser humano, ante la agresión lo que sentimos es rebeldía. La obediencia a la fuerza tiene los días contados. Pues esto es lo que pasa con nuestros hijos, si tienen más castigos de los que pueden cumplir, si se pasan la mitad de los días oyendo gritos y amenazas, las ganas de portarse bien y obedecer desaparecen.
Con esto no quiero decir que dejemos hacer a los niños lo que quieran sin imponer ningún castigo. A los niños hay que ponerles límites porque esa es nuestra función como padres, enseñarles las normas y hacer que las cumplan. Pero para conseguirlo no podemos usar constantemente el castigo, podemos usar una manera más positiva, podemos usar el refuerzo positivo.
Cuando hacen bien las cosas, debemos decírselo, cuando alcanzan algún logro debemos alegrarnos y compartirlo con toda la familia. Si queremos enseñarles como comportarsedebemos hacer de modelos. Si se portan bien deben saber que estamos orgullosos de ellos. Hay niños que sólo reciben atención de sus padres cuando se portan mal y ahí está el fallo. No podemos dirigirnos a nuestros hijos únicamente para reñirlos o castigarlos, debemos dirigirnos a nuestros hijos para cosas más positivas, para elogiarlos, para animarlos a ser más autónomos, para motivarlos y que quieran hacerlo cada vez mejor. Si tu hijo no quiere hacer deberes, en vez de castigarlo si no los hace, prueba a sentarte a su lado para ver como escribe, para decirle lo mucho que ha avanzado, lo bonita que tiene la letra. Seguro que conseguiréis que los haga sin necesidad de gritos y castigos. Cuando les reforzamos por algo que hacen bien, les estamos diciendo: “esta es la conducta correcta”, cuando les castigamos por algo que hacen mal, les decimos: “esto está mal, esta no es la conducta correcta”, pero no les decimos cual debería ser esa conducta, no les enseñamos como tienen que hacerlo.

Son dos las grandes diferencias entre refuerzo positivo y castigo:

  1. El refuerzo positivo te enseña que conducta es la correcta. El castigo no te lo enseña
  2. El refuerzo positivo te hace sentirte bien, te motiva, te hace querer hacer bien las cosas.El castigo te hace sentir ira y resentimiento y te aleja de la conducta en sí, focaliza la atención en el castigo y deja de prestar atención a la conducta castigada. Un niño puede estar castigado por algo que ni recuerda lo que es. Ante esto la pregunta que os hago es ¿De qué sirve un castigo de una conducta que ni siquiera recuerda???
Si queremos usar el castigo para poner límites a nuestros hijos, debemos saber usarlos correctamente:

Las 10 claves:

  1. El castigo debe ser adecuado a la edad de nuestro hijo. Antes de los dos años, no es conveniente usar ningún castigo. A partir de los dos años, podemos usar dos tipos decastigo: la retirada de algo positivo para el niño (quitar un juguete) o el tiempo fuera (la sillita de pensar). A partir de esa edad ya podemos usar el resto. (En el próximo artículo describiré los tipos de castigos)
  2. El castigo debe ser contingente, es decir inmediato, debe darse justo después de la conducta.
  3. El castigo debe ser explicado claramente. En niños pequeños (hasta 3-4 años) hay que explicarlo en no más de 10 segunos, no más de 10 palabras.
  4. El castigo debe ser educativo. Debe enseñar algo, dejarle sin ver la tele es un castigo muy usado, pero realmente no enseña nada. Un castigo educativo sería algo que está relacionado con la conducta a castigar, como por ejemplo si tira algo al suelo, que lo recoja, si rompe algo que lo arregle, si ha gritado que hable en voz baja durante una hora, si ha desobedecido que durante una hora haga todo lo que diga la persona a la que ha desobedecido, etc… No siempre son posibles, pero siempre que podamos deberemos usarlos.
  5. Debe ser proporcional a la conducta realizada. Si nuestro hijo ha desobedecido una orden, no le podemos castigar un mes sin ir al parque, sería exagerado. Una conducta pequeña debe tener un castigo pequeño, una falta grave debe tener un castigo grande.
  6. Siempre debemos cumplir el castigo y por lo tanto debemos poner castigos que sean fáciles de cumplir. Yo siempre pongo el mismo ejemplo: nos fuimos de fin de semana, acabábamos de llegar y mi hijo mayor se portó mal, mi marido dijo: “si lo vuelves a hacer nos vamos a casa” y yo, que estaba deshaciendo las maletas, me quedé parada, pensé: como lo vuelva a hacer nos fastidia el fin de semana a todos. Menos mal que no lo hizo!!!.
  7. El castigo debe ser natural. Un castigo material nos aleja de las consecuencias reales de una conducta. Es mejor usar castigos que tengan que ver con no hacer cosas que les gustan, más que castigos que tengan que ver con no comprarles algo. Y si además podemos hacer castigos que se parezcan a las consecuencias naturales de la conducta, mucho mejor. Por ejemplo: si no te vistes no podemos ir al parque porque no puedes salir a la calle sin vestirte. Si no te comes el primero y el segundo, no podrás elegir el postre.
  8. No poner nunca un castigo enfadados. Cuando ponemos los castigos, normalmente estamos enfadados, frustrados y defraudados por lo que ha hecho nuestro hijo. Con esas emociones, es muy fácil que el castigo que elijamos sea desproporcionado y poco educativo. Por lo tanto, deberíamos contar hasta 10 antes de poner el castigo.
  9. Siempre debemos avisar antes de poner un castigo. Debemos darle la oportunidad a nuestros hijos de portarse bien. Cuando avisamos, damos opción, enseñamos como debe hacerlo para evitar el castigo. No es suficiente avisar una vez, deberíamos avisar tres veces antes de castigar. Pero nuestro hijo debe tener muy claro que a la tercera le caerá elcastigo. No se trata de usarlo como una amenaza, se trata de dar la oportunidad de hacerlo bien.
  10. Los castigos deben ser cortos. La duración del castigo no debe ser tan larga como para que se les acumulen los castigos. En niños pequeños no más de dos días. En mayores, máximo siete días y estos castigos tan largos deberían estar reservados para conductas realmente graves.
 El mejor castigo es el castigo que se ha evitado. Un uso abusivo del castigo va a producir el efecto contrario al esperado. Por eso, debemos pensar muy bien antes de usarlo, debemos pensar si la conducta realizada es realmente importante como para merecer un castigo y debemos pensar en el mejor castigo posible. El problema del castigo es cuando lo usamos enfadados, llenos de rabia y buscamos dañar de alguna manera al niño, “así aprende”, pero así no aprende, así se llena de ira y se desmotiva. Usa el castigo con cabeza, da la oportunidad a tu hijo de rectificar antes de recibirlo y hasta negocia con él el tipo de castigo, pregúntale cual cree que sería el más adecuado, dale opción incluso de reducirlo pero nunca dejes de cumplirlo.